El asesino se agacha para recoger con sus guantes de cuero un puñado de nieve manchada y se lo lleva a la boca. Esta fría pero no le sabe a nada. Tal vez sea sólo pintura. Disparó de lejos y estaba casi convencido de que le había herido. Pero, ahora empieza a preguntarse si no se equivoca. Se pone de pie y continúa unos cuantos metros el rastro profundo de las pisadas. Cada paso que da, le parece el mismo de antes. Cada tronco que supera es sustituido por otro idéntico. Quizá esté siguiéndose a sí mismo. Oye un crujido a mi espalda. Se vuelve. Ni siquiera oye el disparo.
lunes 26 de octubre de 2009
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1 Curiosos:
"Oye un crujido a mi espalda"? no sería a su espalda? o es q no he entendido bien el relato?
Saludos desde el Inframundo.
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