Venga, tonto. Reconócelo. Ahora que nos hemos tomado un par de vinos, creo que podemos ser sinceros el uno con el otro, ¿no? Si durante estos meses no has parado de mirarme. ¿Qué pensabas que no me había dado cuenta? ¡Cómo si no me hubiera fijado en que desde que entraba en la oficina y daba los buenos días a todos no me quitabas el ojo de encima! Venga, tío. No me pongas ahora esa cara de sorprendido. Eso se nota. Algunas miradas queman, ¿sabes? Y más las tuyas con esos ojazos negros que tienes. Y te voy a contar una cosa. Bueno, no. Venga, sí. Ya da igual. Siempre me valdrá la excusa de que estaba borracha. Además, como el lunes ya no vuelvo por aquí… Sé que me mirabas porque yo también te miraba. ¿A qué no te habías dado ni cuenta, eh? Tú venga a fingir y a mirarme de reojo y yo haciéndome la tonta y controlándolo todo. Casi no me aguantaba la risa, cuando te acercabas a mi mesa y me preguntabas por un expediente y tú, comportándote como un caballero, esforzándote para no asomarte a mi escote de una forma demasiado descarada, y yo, inclinándome hacia delante para que pudieras verme bien las tetas. Fuerte, ¿no? Es que me pones, tío. ¿A qué no te lo esperabas, eh? Un segundo, por favor. Calla. No me digas nada todavía. Un segundo, solo un segundo. Primero termino, después voy a servirme otra copa y cuando vuelva, me cuentas lo que quieras, que como pare pierdo el hilo. ¿Sabes desde cuando sé que me gustas? No recuerdo muy bien el día. Creo que era verano. No sé. Da igual. Pensé y este tío qué. Ni me mira. ¿Ahora pasa de mí? Seguro que no era por el trabajo. Tu mesa estaba casi despejada. Supongo que no habrías pasado una buena noche, que quizá te peleaste con tu mujer o a lo mejor habías salido y aún estabas de resaca. Pero me fastidió que no me miraras. En serio. Lo más importante es ser sincera con una misma. Desde entonces intenté llevar siempre vestiditos, minifalda o, por lo menos, un poco de tacón y no he dejado de pintarme el ojo ni un solo día y tú tampoco has dejado de mirarme. ¡Qué patéticos sois! Os manejamos a nuestro antojo y no os dais ni cuenta. Lo que no sé es lo que esperas de mí. No sé si quieres que echemos un polvo rápido o si estás tan enamorado de mí que me escribes en la intimidad cartas de amor. Mira, me voy a por un vino y ahora me lo cuentas, pero, por favor, no me vengas con que estoy confundida, que no soy tonta. Estoy dispuesta a irme contigo y dejar esta fiesta de mierda que me habéis organizado o, por lo menos, a entrar juntos en el baño y hacerte lo que me pidas, para que empieces a darte cuenta de lo que te has estado perdiendo.
miércoles 14 de octubre de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

2 Curiosos:
Toma ya! directa y al grano...
Saludos desde el Inframundo.
Me gusta. Me gusta el estilo y el tema. Siempre me han interesado mucho este tipo de relatos (por eso me gusta tanto "Cinco horas con Mario").
Saludos!
Publicar un comentario en la entrada