El joven Homero, por fin, ha hablado. No lo hacía, desde que nos lo devolvieron ciego de la guerra. Su único consuelo era sentarse en una piedra a escuchar el murmullo del arroyo, sobre todo si, gracias al deshielo, bajaba un poco crecido. A veces abría la boca, como si fuera a hablar, pero nunca decía nada. Hasta el mes pasado.
Desde entonces el pueblo y el padre de Homero están muy alterados. Sabíamos que nunca volvería a ser el mismo joven risueño que, con una espada de madera, defendía el pueblo de guerreros que solamente él veía, pero nadie esperaba que Homero terminara recitando un poema en una especie de griego clásico. Al menos, eso cree el parroco del pueblo.
El padre de Homero partió la semana pasada en busca de un diccionario para, por lo menos, intentar entenderlo. Aún no ha vuelto.
Desde entonces el pueblo y el padre de Homero están muy alterados. Sabíamos que nunca volvería a ser el mismo joven risueño que, con una espada de madera, defendía el pueblo de guerreros que solamente él veía, pero nadie esperaba que Homero terminara recitando un poema en una especie de griego clásico. Al menos, eso cree el parroco del pueblo.
El padre de Homero partió la semana pasada en busca de un diccionario para, por lo menos, intentar entenderlo. Aún no ha vuelto.

1 Curiosos:
Cuando el hijo habla el padre desaparece, cuando el hijo hablaba también él se fue...
Saludos desde el Inframundo.
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